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El Extraño Caso de Quién Mató al National Football League

Análisis de PardoNet. Washington, D.C   El extraño caso del National Football League es digno de una novela de Agatha Christie. ¿Quién mató al NFL? El expediente policial iría más o menos así:

21 de Septiembre, 8:17 a.m. Hallado en el estadio. Víctima masculina, 50 años de edad, vestía uniforme de futbol americano. Presenta múltiples heridas diversas, algunas autoinfligidas, sugiriendo múltiples atacantes. La víctima se encontró aturdida y confusa. Está en cuidado intensivo, con soporte de vida por los medios. Se identifica como “National Football League”, pero también responde al apodo “el deporte más popular de los Americanos” y “el dueño del fin de semana.”

¿Como es posible que en cosa de días, el “Futbol Americano”, en los Estados Unidos (aquí llamado “football” a secas) pasó de ser una de las instituciones culturales más distintivas, unificadores, y potentes del país, a ser revelado como un mero manojo de grupo de interés, divisiones, y riñas?   Lo cierto es que mientras se resuelven estas controversias, la NFL, el “National Football League” ha dejado de ser una institución nacional, y debería remover la “N” de sus sigla.

Como dijo el comentarista Jonathan Berr de Moneywatch, en CBS, “es evidente que el deporte profesional más popular de los Estados Unidos ya no es una apuesta segura para la programación”. Los aficionados están desertando los estadios, y la audiencia televisiva para la NFL está en picada. Según el sitio de noticias Deadline Hollywood, los ratings para Sunday Night Footbal cayeron un 14% desde la apertura de la temporada para el 10 de Septiembre, y en hasta un 21% para el 17 de Septiembre. Todo esto es sumamente para los dueños de las franquicias. El equipo promedio de la NFL tiene un valor de $2.5 billones de dólares, y los dueños saben que el valor del futbol consiste no tanto del futbol, como del espectáculo del futbol. Sin televidentes, no hay valor.

Todo pareció comenzar en el 2016 cuando Colin Kaepernick, el quarterback (o sea, capitán) de los 49ers de San Francisco, se rehusó a quedarse parado en la tradicional postura de respeto al himno nacional. Más bien, se arrodilló durante el himno en señal de protesta, según Kaepernick, ante la muerte de jóvenes Africano-Americanos durante enfrentamientos con la policía. Numerosos otros jugadores, casi todos ellos Africano-Americanos, se sumaron al movimiento.

El viernes 22 de Septiembre, durante un discurso en Alabama, el Presidente Trump urgió a los dueños de la NFL a despedir a cualquier jugador que se hincara durante el himno nacional.   En un Tweet, Trump dijo: “A quien no le gustaría ver que un dueño de la NFL, cuando alguien le falta el respeto a nuestra bandera, diga “Saquen a ese hijo de puta de la cancha ya. ¡Fuera! ¡Estás despedido! ¡Despedido!”

(PardoNet pide disculpas a nuestros lectores por reproducir textualmente los comentarios del Presidente Trump.  Nuestro deber es informar; que juzguen ustedes).

La furia del discurso de Trump, que sorprendió hasta a sus simpatizantes, bien puede estar arraigada en odio a la NFL, después de su fracaso, durante la década de los 1960’s, de organizar una rival liga, el “United States Football League” (al igual que el beisbol, donde hay dos ligas mayores, la Nacional y la Americana).   En ese universo paralelo, habían franquicias ahora extintas como los “New Jersey Generals”, cuyo dueño era nada menos que Donald Trump.

En reacción, el domingo 24 de Septiembre, más de 200 jugadores de la NFL, casi todos Africano-Americanos se hincaron en una rodilla durante el himno nacional. Varios dueños de los equipos también se sumaron a la protesta.

El espectáculo de la protesta, que por el momento parece fascinar y repugnar a los televidentes en igual medida, no debe distraer de que las divisiones internas de la liga y sus aficionado son profundas.   En un partido, jugador de la linea ofensiva de los Pittsburgh Steelers, Alejandro Villanueva, fue el único de su equipo en permanecer erguido de pie, y con la mano sobre el corazón (la postura tradicional de respeto).   Villanueva es ex-veterano del ejercito de los EE.UU., con 3 tours de combate en Afganistán. Su camisa, la No. 78 de los Steelers, de la noche a la mañana se convirtió en la camisa de mayor venta de la NFL.

Las críticas de Donald Trump, las protestas políticas con brazos cruzados y los despliegues de solidaridad de los jugadores, la percepción de falta de respeto (o respeto alternativo) a la bandera, la oportunidad de protestar contra Trump, todos están golpeando a la liga en donde mas duele: los resultados financieros.

Pero en realidad las raíces de la crisis moral del futbol americano llevan años asentándose. La protesta de Kaepernick y la furia de Trump, son síntomas de un malestar más profundo.  El público general, inclusive el público más leal y tradicional de la NFL, está rechazando el deporte. Como lamentó el decano de la radio conservadora y aficionado comentarista sobre futbol americano, Rush Limbaugh (cuyo programa es probablemente el mas escuchado en los Estados Unidos) “se fue la mística. La convicción, el anhelo, y el deseo de que la gente en el juego es lo mejor de lo mejor, se fue. Se politizó y se corrompió”

El malestar refleja un profundo cambio cultural en los Estados Unidos, y no solamente en la cultura de los deportes. En años recientes, los padres de familia en números cada vez crecientes han removido a sus hijos de un deporte de alto impacto con peligros ampliamente reconocidos. Para la gran fortuna de ortopedistas y dentistas, el futbol americano llenan sus consultorios con dientes astillados, brazos y piernas rotas, rodillas subluxadas, y hombros dislocados.

Por otra parte, tanto los padres como los dirigentes de escuelas, colegios y universidades se están tratado de distanciar cada vez más de un deporte que puede ser astronómicamente costoso. El salario promedio para un entrenador principal de una universidad mayor es $1.640,000. El salario promedio para el presidente de una universidad mayor es $ 410,523. El salario promedio para un profesor universitario es $112,300. En muchas universidades, el entrenador del equipo de futbol se considera una figura más importante que el presidente de la universidad.

El gran beneficiario en todo este proceso ha sido deportes de bajo impacto, notablemente el “futbol” clásico bajo reglas FIFA, que en Estados Unidos le dicen “soccer”.

Otro motivo para la erosión de la confianza de los estadounidenses en el  deporte ha sido la indisputable evidencia médica de sus efectos sobre los jugadores, y los esfuerzos del “lobby del fútbol” de ocultar la evidencia.

La misma semana del furioso tweet del presidente Trump, se anunció la trágica noticia de que la autopsia de Aaron Hernández, ex-jugador de la linea ofensiva de los Patriots de Nueva Inglaterra, reveló que sufría de un avanzado caso de Encefalopatía Traumática Crónica (CTE). Hernández se suicido en prisión, en Abril del 2017, donde cumplía una condena y enjuiciamiento por varios asesinatos, incluyendo el de Odin Lloyd, otro jugador, en el 2013.

CTE es una enfermedad que resulta de lesiones al cerebro, del tipo común causado por los golpes y embestidas del fútbol americano.   Los síntomas incluyen pérdida de las facultades de la razón, memoria, y juicio, y están asociados con agresividad, impulsividad, depresión, y otros cambios cognitivos. CTE únicamente se puede diagnosticar por examen directo del cerebro después de la muerte del paciente.   Entre los expertos forenses, hay graves dudas de si hoy día Hernández hubiera sido hallado culpable de homicidio.

La revelación especialmente conmovedora del caso de Hernández, es que se ha que docenas, y quizás cientos de jugadores de la NFL fueron y siguen siendo victimas de CTE.

La película “Concussion”, del ano 2015, con Will Smith, sensacionalizó los alegatos de que los dueños y oficiales de la NFL habían presionado a médicos para ocultar el grado de daño cerebral a los jugadores profesionales.

En retrospectiva, el cambio cultural más siniestro fue el escandalo del equipo de Pennsylvania State University, que reveló crímenes sexuales contra jóvenes jugadores por parte del entrenador asistente Jerry Sandusky.   El hecho que las autoridades universitarias habían tratado de esconder el escándalo aumentó aun mas la desilusión y desconfianza en el deporte. Había un sentido de que el futbol americano había dejado de ser un sano y bello deporte para la juventud, y se había vuelto un negocio, en el cual el bienestar físico y moral de los jugadores no valía para nada.

Al fin de cuentas, ese sentido, y las realidades sobre las cuales se basa, será la verdadera causa de muerte de la NFL.