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Edison Perfecciona el Bombillo Eléctrico

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En este día, hace apenas 138 años, el 21 de Octubre, 1879, el inventor y empresario Thomas Edison iluminó el mundo, al perfeccionar el bombillo eléctrico incandescente en base a filamento de algodón carbonizado en su laboratorio en Menlo Park, New Jersey. El bombillo que le funcionó fue el uno de más de 3,000 intentos fracasados, de lo cual se desprende su famoso dicho: “el genio es 1% inspiración, y 99% sudoración”. Otros habían probado el concept, pero el bombillo de Edison, que podía iluminar por 1,200 horas seguidas, fue el primero con posibilidades comerciales.

 

Edison nació en Ohio, en 1847, y se crió en Port Huron, Michigan, cerca de Detroit., A pesar de ser descendiente de una reconocida familia intelectual de Nueva Inglaterra, los Eliot, gozó de apenas tres meses de educación formal. Para la edad de 14 años se había quedado sordo, probablemente como resultado de una combinación de factores congénitos y fiebre escarlatina. Esta discapacitación sin duda lo aisló socialmente; pero al mismo tiempo lo liberó en su propio mundo interno y único, animado por la ciencia y curiosidad.

 

Si bien muchos de los inventos de Edison, incluyendo el bombillo, fueron “inventados” al mismo tiempo por otros genios solitarios de la época, quizás la contribución más fundamental de Edison fue en la creación de sistemas para aplicar el conocimiento.

 

Se puede decir que Edison “inventó como inventar”.   Desde su laboratorio en Menlo Park, el primer laboratorio moderno de investigación industrial del mundo. Sistematizó el proceso de aplicación de teorías eléctricas mecánicas, químicas, y ópticas para crear artefactos prácticos que mejorarían la vida cotidiana.

 

Entre sus inventos se cuentan más de 1,000 patentes, incluyendo del tocadiscos, la cámara de cine, el micrófono, la fotocopiadora mimeográfica, baterías alcalinas, los sistemas modernos de distribución de electricidad.

 

De Edison se dijo: “no mandó ningún ejercito en la batalla, no conquistó ninguna nación, y no esclavizó ningún pueblo. Sin embargo, ejerció un grado de poder del cual ningún guerrero jamás podría sonar. Su nombre aun reclama un respeto tan arrasador y universal como la de cualquier otro mortal, y merece la devoción y profunda gratitud de toda la humanidad, libre de los sesgos de la raza, color, política, y religión.

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