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Autogol por Dedazo Accidental

Trump PNWashington, D.C. – Análisis de PardoNet.

  • Autogol por “dedazo accidental” de Peña Nieto
  • Trump afianzó su credibilidad con su base electoral
  • Posición conflictiva con México es lo que anhelan sus partidarios
  • Entró a la cueva del león y le jaló la barba

Con el dedazo accidental de Peña Nieto, Donald Trump ganó la partida, por lo menos en este medio tiempo.

Ordinariamente, en el calculo convencional de una campana electoral convencional, la sorpresiva visita de Trump a México se hubiera considerado un error.   De hecho, según encuestas del periódico mexicano Reforma, el 85% de los mexicanos considera que su presidente “cometió un error” al invitar al candidato Republicano.   Tan solo el 10% considera que fue “un acierto”. Un 72% porciento dice que haber recibido a Donald Trump “debilita” al gobierno mexicano. El impopular presidente, que tiene una aprobación general de apenas del 22% porciento, ahora se encuentra defendiendo su decisión ante el avispero alborotado de la opinión publica.

Y en los Estados Unidos, el candidato Trump también ha sido expuesto a un torbellino de críticas por los medios, la clase política profesional, y por supuesto, su contrincante Hillary Clinton. Los diplomáticos se quedaron boquiabiertos ante una visita que parecía totalmente descoordinada, después el cual las dos partes dieron explicaciones totalmente diferentes de lo que había pasado, con Peña Nieto diciendo que dejo claro “al inicio de la reunión” que México no pagaría por el muro, y Trump diciendo que no tocaron el tema.

Más que nada, los comentaristas se han ensimismado en el tema del rechazo contundente de la visita por parte de los mexicanos. En su portada, el New York Times dijo que “sus dos discursos en la Ciudad de México y Phoenix fueron tan chocantes que su verdadera visión e intenciones fueron difíciles de vislumbrar”.

En el calculo convencional de lo que ha sido una campana electoral no-convencional, la impetuosa visita de Trump se debería considerar un desastre, y las posiciones fríamente razonadas de Peña Nieto se deberían considerar el acierto.

Pero no es así. La campaña del 2016 es una campaña no convencional. Para entenderlo, se deben aplicar criterios no convencionales.

Lo se debe entender es que una posición conflictiva con México es precisamente lo que anhelan los partidarios de Trump.

En su visión, México es una especie de enemigo.   Los mexicanos son una hueste invasora, como notoriamente lo dijo, de “violadores”, “narcotraficantes”, y “bandidos” que se aprovechan de la generosidad e ingenuidad de los Americanos. En la perspectiva de estos partidarios febriles, Trump seria el único que ha tenido la valentía de entrar sin titubeos a la cueva del león y jalarle la barba. El hecho que haya seguido la visita inmediatamente con un feroz discurso en Arizona, en la cual prometió “cero tolerancia” contra la inmigración ilegal, sugiere que todo fue parte de una estrategia deliberada por parte de Trump.

Trump colocó sobre le mesa una importante apuesta con Peña Nieto: que el mandatario mexicano lo recibiría cortésmente como un potencial presiente de los Estados Unidos, y que él, Trump, saldría de la reunión viéndose “presidenciable’.   Trump, el maestro de la imagen, sabia que de esta reunión lo único que importaba era la imagen, y no la sustancia política.

Estamos apenas en el medio tiempo. En su cuenta de Twitter, el presidente Peña Nieto dice que invito tanto Trump como a Clinton. Quizás la visita de Trump al fin de cuentas se considere un error, cuando se pueda contrastar la recepción que recibirá Clinton en México con la que recibió Trump.

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