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Paz en Colombia: Las FARC Pasan Bajo el Yugo

Paz en ColombiaWashington, D.C. – Análisis de PardoNet

  • La paz depende de la correlación de fuerzas en el terreno
  • La derrota militar de las FARC fue lo que hizo posible la negociación
  • Los colombianos deben fiscalizar no solo a las FARC, sino que al Gobierno
  • La gran tentación del gobierno ahora será de hacerle la vista gorda a violaciones del acuerdo
  • La paz es fruto del sacrificio de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional de Colombia.

Toda persona de buena voluntad, y todo amigo de los colombianos, debe sentir alivio y alegría por el acuerdo al que llegaron el Gobierno de Colombia y las FARC, y desear su éxito.

Pero llamarlo un “Acuerdo de Paz” prejuzga los resultados.   Recordemos las trágicas lecciones de previos “acuerdos de paz” que con tanto anhelo y esperanza se habían firmado con las FARC, y que mas bien llevaron a mayores tragedias y sacrificios. Aquellos acuerdos anteriores recordaban mas bien la apta definición de “Paz” del satirista Ambrose Bierce como “un intervalo de hacer trampa entre dos guerras”.

La paz en Colombia está en manos del gobierno, no de las FARC. La paz dependerá no de lo que se firme en La Habana, sino de la correlación de fuerzas en el terreno, y de la determinación del gobierno democrático y legitimo de ejercer enérgicamente los poderes de soberanía en todo milímetro cuadrado del territorio colombiano.

Los colombianos deben mantener bastante escepticismo con respecto no solo a la voluntad de las FARC de cumplir con sus compromisos, sino también del compromiso del gobierno del Presidente Santos de ejercer esos deberes de soberanía. La gran tentación que enfrentará el gobierno de Santos, es la de hacerle la vista gorda a la infracciones y escaramuzas legalistas que indudablemente vendrán, para no “poner en peligro la paz”.

La historia reciente nos ofrece varios ejemplos de negociaciones de paz, tales como las de Irlanda del Norte y El Salvador que realmente pusieron establecieron reglas que pusieron fin a conflictos civiles que llevaban décadas. En todos los casos, el éxito de esos acuerdos dependía de un reconocimiento real de la legitimad y autoridad del gobierno, y de la correlación de las fuerzas

Lo que en realidad llevó a la posibilidad de esta hora de la paz en Colombia fueron tres cosas, realizadas por tres presidentes diferentes.

Primero, fue la demostración contundente por parte del Presidente Pastrana, tanto a los colombianos como a la comunidad internacional, de que con las FARC no se podía negociar en buena fe.   Pastrana cedió a los narcoterroristas un territorio del tamaño de Suiza, el infame “Despeje”, para que se pudieran concentrar y estar seguros. El resultado fue una explosión de violencia, y casi el zozobro del estado colombiano. En el año 2001, según encuestas, hasta el 60% de los colombianos creían que el gobierno iba a perder la guerra, y de haber seguido en ese camino, hubieran tenido razón. Pero al fin de cuentas, el éxito de Pastrana fue deslegitimizar las FARC de una vez y por todas.

Segundo, bajo el Presidente Álvaro Uribe, vino un vertiginoso realineamiento del equilibrio político-militar. Uribe, apoyado casi mesiánicamente por los colombianos, insistió en la presencia del gobierno en todo el territorio nacional. Su estrategia de “seguridad democrática” se fundamentó en una masiva expansión de las fuerzas armadas y de policía apoyado por mas de $5 billones de asistencia de los Estados Unidos, bajo el Plan Colombia. Si bien fueron los colombianos mismos los que pusieron el 99% del esfuerzo, y la sangre y las lagrimas, ese ultimo 1% de asistencia que únicamente podía proveer los Estados Unidos incluía cooperación técnica en inteligencia a niveles jamás vistos, y el uso de armas, tales como las famosas “bombas inteligentes” que arrasaron con el liderazgo de las FARC. El resultado fue, dentro de dos o tres años la derrota táctica en el terreno de una guerrilla que había durado mas de 40 años.

Tercero, y ahora en curso bajo el Presidente Santos, viene el esfuerzo de atar los cabos sueltos. En efecto, lo que Santos esta ofreciendo a las FARC es la oportunidad de crear un nuevo liderazgo. Las FARC las que dialoga Santos no son las mismas con las que dialogó en vano Pastrana, y contra las cuales luchó con éxito Uribe. Es una organización que sabe que esta derrotada, sin posibilidad alguna de imperar en el terreno, y cuya salvación viene en forma del deus ex machina de las negociaciones patrocinadas por Cuba.

El verdadero valor de las negociaciones a las cuales Santos pone su nombre, es el de obtener el reconocimiento de las FARC de la absoluta legitimidad del gobierno democrático de Colombia. En la antigua Roma, se solía hacer una solemne ceremonia de hacer que el enemigo derrotado pasara bajo un yugo, en reconocimiento simbólico de su sometimiento la autoridad del Imperio.   En efecto, al pasar bajo el yugo diplomático en La Habana, las FARC al fin reconocen el imperio de la ley y el estado democrático en Colombia. Si esto se puede hacer cumplir, será verdaderamente un logro histórico.

 

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